Diferencias entre estilo directo e indirecto en una novela

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La narrativa requiere en la mayoría de las ocasiones un narrador que presente los hechos, por lo que deberás tener claro cuál es la posición del mismo si estás pensando en escribir una novela. Se trata de un factor esencial a la hora de redactar, y definirá el papel que tiene en la historia según el estilo que utilice. Por ello, es una cuestión que deberás pensar antes de comenzar a escribir.

Durante todo el libro, deberás mantener el estilo del narrador, su forma de contar las situaciones y la distancia narrativa. Son puntos esenciales para que la historia tenga forma y atrape al lector, por lo que el estilo directo o indirecto marca la pauta para que estos factores se cumplan.

Por eso, antes de comenzar a escribir deberás entender qué es el estilo directo y el estilo indirecto y cuáles son las diferencias entre ambos estilos.

Estilo directo

El estilo directo es aquel en el que se reproducen las palabras exactas de los personajes. No sólo se utiliza para expresar lo que dicen, sino también para expresar lo que piensan, actúan, y hacen. Encontrarás este tipo de estilo en los diálogos durante una narración, donde obviamente el narrador no podrá intervenir subjetivamente. La forma de introducirlo puede variar, bien utilizando rayas de diálogo o comillas.

Vamos a poner un ejemplo.

—Siempre he jugado limpio contigo. —Se detiene—¿Qué decisión has tomado?

—He decidido… dejar de verte.

Este es un extracto del libro “El por qué de las cosas” de Quim Monzó. Podemos observar que en este fragmento sólo hay dos tipos de intervención, la del personaje y la del narrador. Este último tiene la función de aclarar aspectos relativos a la forma en que se expresa el personaje, o cosas que ocurren a su alrededor, pero como hemos explicado anteriormente, no ofrecerá su opinión.

Explicado este ejemplo,  hay dos formas de reproducir las palabras de los personajes en estilo directo, esto es con comillas o con rayas de diálogo.

Comillas y guiones largos

Para introducir los diálogos y las palabras exactas de los personajes, podemos utilizar dos tipos de recursos.

En primer lugar, las comillas se utilizan cuando se mantiene el diálogo en el mismo párrafo, lo que permite introducir frases que no tienen tanta relevancia para la comprensión del texto o simplemente como factor estético. Las comillas también se utilizan cuando el diálogo de un mismo personaje es muy extenso. A partir del segundo párrafo del parlamento del mismo, se emplearían las comillas de cierre para hacer referencia a la continuidad del propio diálogo o monólogo.

Un ejemplo sencillo para entender el uso de las comillas podría ser el siguiente,

Manuel me dijo: “Vaya ‘cochazo’ que se ha comprado Luis”.

Como ya hemos avanzado y como vemos en este ejemplo, las comillas sirven para expresar textualmente las palabras de algún personaje, y suelen introducirse después del verbo decir seguido de dos puntos. Sin embargo, no hay que abusar de este recurso. Lo mejor es intentar reescribir los diálogos que parezcan más innecesarios o irrelevantes en estilo indirecto. Si no ofrece información adicional, lo mejor es que no lo incluyas.

Por su parte, la raya de diálogo (también llamada guión largo) es la herramienta que más se usa a la hora de escribir las palabras de un personaje y de separar las acciones de dichas palabras, como hemos visto en el ejemplo anterior. Así, se puede intercalar la forma en que se expresa el personaje, de las palabras textuales, de manera que el lector tenga claro cuándo se produce cada cosa. Para ejemplificar esto, podemos añadir otro ejemplo, fragmento del libro “El día que me atrapes” de Manuel Enríquez, que muestra esa separación entre las palabras y la forma en las que el personaje lo formula o cómo actúa.

—De entrada, señor, el arrestado no deja de fumar— el recién llegado miró a la mujer que acababa de apagar la colilla de su cigarro en el bote—. Además, asiente cuando le pregunto, comienza a responder y empieza a divagar hasta hacerme olvidar la pregunta que le había formulado.

Estilo indirecto

Estilo Indirecto
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El estilo indirecto es aquel que reproduce las palabras de un personaje pero sin citarlas textualmente, esto es, resumiendo las palabras o pensamientos de los personajes. Tiene mucho que ver con el tipo de narrador que se utilice.

Podemos usar el anterior ejemplo y trasladarlo a estilo indirecto para aclarar cuál es su uso, por lo que quedaría así:

Le explicó que el arrestado no dejaba de fumar, y que cada vez que le preguntaba, asentía y comenzaba a divagar hasta hacerle olvidar la pregunta.

Estilo indirecto libre

Dentro del estilo indirecto es habitual encontrar un ‘sub-estilo’ que se denomina estilo indirecto libre. Sin duda, es más complicado de poner en práctica que los dos estilos anteriores, pero sin duda es bueno conocerlo. El estilo indirecto libre se caracteriza por plasmar las palabras que diría un personaje. Esto es, poner de manifiesto lo que piensan otros personajes, pero sin especificar quién, por lo que no se indica como podría hacerse con el estilo directo con los guiones largos. Esto significa que en ocasiones no se distinga entre el narrador y el personaje.

Lo complicado de este estilo es conseguir comunicar ambas perspectivas pero sin llegar a confundir al lector. Por eso hay que tener muy en cuenta las diferencias entre los tres estilos, porque las tres son herramientas cruciales que dan ritmo a la historia. Sin embargo, no se debe exceder ni recurrir a alguno de ellos demasiado, primero porque en algunos casos puedes aburrir al lector, y en otros porque puede llegar a confundirlos.

El recurso que mejor funciona a la hora de trabajar con el estilo indirecto libre es que el narrador utilice la primera persona. Es decir, realice una especie de diálogo interior, para conseguir que el lector se sitúe desde esa perspectiva.

Diferencias entre estilo directo e indirecto

Bien, una vez que hemos explicado qué es el estilo directo y qué es el estilo indirecto, vamos a ver cuáles son sus diferencias. La principal diferencia entre ambos es que, el estilo indirecto nos permite añadir alguna valoración a la información que nos han transmitido, mientras que a través del estilo directo tan solo nos limitamos a narrar el mensaje literal. Se trata, además de una cuestión de estilo propio y gusto, también de una cuestión estética y la vista del narrador. Todos estos elementos  ayudan a diferenciar ambos estilos, y a marcar una pauta para comenzar a escribir. Deberás tener muy claro cuál va a ser el enfoque de la narrativa, para que los estilos no le resten profesionalidad y haya una continuidad en el texto.

La dinámica es fácil, sólo hay que entenderla. El narrador es el encargado de describir los espacios, ambientes, acciones, personajes y muchas más cosas, con su propio criterio. Incluso si el narrador es en primera persona, todos estos matices son claves para entender el contexto de la historia.

Mantener un estilo constante es más complicado de lo que parece a primera vista, sobre todo para los escritores principiantes. A veces se mezclan puntos de vista, no se tiene en cuenta la distancia narrativa, utilizan la forma de hablar de un personaje con el narrador… Hay que intentar evitar estos errores a toda costa, y para ello es esencial conocer ambos estilos y las características de cada uno, además de tener claro cuál es el papel del narrador.

Otro de los aspectos a tener en cuenta tiene que ver con la importancia de los diálogos. Si una conversación no tiene interés para la historia que quieres contar, es mejor que no lo pongas. No alargues la historia con cosas que no aportan nada, es mejor que te ahorres esas partes o recurras al estilo indirecto para dar ciertos datos.

Consejos para realizar diálogos

Es esencial tener una serie de consejos en cuenta para que los diálogos sean de calidad:

– Evita que los diálogos sean demasiado explicativos, repetitivos o triviales.

– Intenta que los personajes no utilicen los mismo recursos, que no hablen de la misma manera, o tus diálogos quedarán forzados.

– No es necesario que los personajes lo cuenten todo, es mejor que algunas cosas se queden entre líneas para que el lector se quede con la intriga.

– Haz que las palabras provoquen reacciones en los demás personajes, para que el diálogo no sea vacío.

– Siéntate a ver conversaciones de otras personas y plásmalo en los diálogos que escribas para que sean lo más naturales posibles.

– Lee en voz alta tus diálogos: así te darás cuenta de si suenan naturales o por el contrario son demasiado artificiales.

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