Cómo crear el antagonista perfecto para tu novela

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Conseguir crear un antagonista perfecto no es una tarea fácil para un escritor aunque a simple vista lo parezca. En una novela o una narración que cuenta la historia de determinados personajes, es esencial crear una personalidad solida de cada uno de ellos para dar credibilidad y sentido en la trama que vas a desarrollar. Cuando un personaje no encaja en tu historia, es mejor no introducirlo o analizar más profundamente sus objetivos.

Crear el protagonista, antagonista, o personajes secundarios conlleva un esfuerzo psicológico de autor por formar una ‘’persona de la nada’’ y hacerlo real en el mundo de la literatura. En una narración lo más importante suelen ser los personajes, ya que la historia se basa en ellos. Y en ocasiones no dedicamos el tiempo suficiente al análisis y creación de los personajes, es decir, ponemos todo nuestro potencial en una trama perfecta que enganche al lector y nos olvidamos de la profundidad de los personajes (que al fin y al cabo son los protagonistas e implicados en la trama).

Una vez sepas cual va a ser la trama, debes desarrollar la figura de los personajes y el papel que van a ejercer en la historia. Probablemente pensarás que el protagonista es la figura más importante y en la que más de debes esmerar, es correcto, pero no debes dejar a un lado el antagonista y limitarte a hacer que sea el ”malo” de la historia. Después del protagonista, el antagonista es la fuerza más importante de la trama y como tal se merece una dedicación e implicación absoluta.

Requisitos que debe cumplir el antagonista

No existe una norma general que nos diga cómo debe ser un antagonista, como debe actuar o pensar. Ni siquiera el antagonista tiene que ser el “malo” del relato. Simplemente tiene que provocar una no identificación del antagonista con el lector. En este post vamos a profundizar en cómo crear un antagonista adecuado y qué requisitos debemos valorar.

En primer lugar vamos a dar forma al antagonista.

Por norma general, al antagonista le damos la forma de una persona que desarrolla su vida para complicar la existencia del protagonista. Pero puedes hacer que el antagonista sea el tiempo (que se acaba o es escaso); puede ser la circunstancia a la que decidas enfrentar a tus personajes (por ejemplo un desastre natural como un tsunami o un terremoto que destrozan la vida de los personajes –no tienes que introducir un personaje que complique aún más la vivencia-. Estas situaciones tan caóticas pueden ser problemas de la vida real por lo que ya humanizan y dan credibilidad a los protagonistas que lo sufren). En cambio, cuando la trama es algo fantasioso como el fin del mundo, puedes introducir un antagonista que solo mira por sus intereses y no se preocupa por la sociedad o las catástrofes que estén sucediendo. Como escritor solo tú decides cuántos antagonistas introduzcas y que problemas suponen para el relato. La imaginación no tiene límites dentro de la literatura, por lo que tu antagonista puede ser un monstruo, un espectro o cualquier ser irreal. Aunque no existan también debes preocuparte por dar sentido a su razón de ser antagonista para dar credibilidad a la vida del personaje.

El lector no se identifica con el protagonista.

El antagonista debe cumplir el papel de crear sentimientos y emociones en el lector tanto o más como el propio protagonista. Las sensaciones que puede provocar son diversas y por lo general negativas (pena, miedo, asco, rabia, injusticia…). El lector no debe identificarse con el antagonista y las acciones que lleve a cabo dentro de la trama tienen que incomodar al lector. Es decir, cada vez que aparezca la figura del antagonista en el texto el lector tiene que incomodarse, pensar lo maravilloso que sería todo si no existiera el antagonista. En cambio sí debe de identificarse con el protagonista, por tanto deja las actitudes nobles o éticas en los protagonistas. No provoca necesariamente que tengan que ser personajes opuestos, pueden ser personas similares que hacen el mismo trabajo pero deben tener deseos opuestos y rasgos diferentes. Sin embargo el autor debe hacer un esfuerzo para explicar las motivaciones de los dos a la perfección.  “¿Por qué el antagonista se comporta así? Por egoísmo; por que ha tenido una infancia dura; por envidia hacia el protagonista; porque posee un desequilibrio mental etc.” Explica cada detalle, no provoques que sea malo porque sí sin motivo aparente.

El antagonista no tiene por qué ser el malo. El protagonista no tiene porqué ser el bueno.

Tú eliges como es la trama así que tú eliges quien es el bueno o el malo dentro de la trama. En caso de que tú historia sea el atraco perfecto de unos ladrones y su lucha por conseguir el botín, los antagonistas de la historia serán los policías que intentan detenerlos. Pero ¿un atraco es un hecho negativo, y que los policías hagan justicia y detengan a los ladrones es lo correcto no? Para conseguir que los lectores deseen que el atraco se lleve a cabo deberás justificar que comentan este delito. Tus habilidades de escritura están en juego en casos como el mencionado. También puedes hacer que el protagonista sufra una transformación durante la trama y se ponga de parte de los antagonistas, es común que la historia de un giro y con ello los personajes involucrados. No es una tarea sencilla pero es muy interesante realizar estos ejercicios dentro de una narración, los lectores viven la transformación de los personajes y deben comprender porque estas situaciones. Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos. En cualquier caso, el antagonista no es un personaje más, es tan importante como el protagonista y el lector debe tener claro quién es.

El triunfo del antagonista, supone el fracaso del otro.

Los dos tipos de personajes tienen un sentido en la trama de la narración, por lo tanto, van a buscar conseguir sus objetivos a lo largo de la historia. Es coherente que los dos se muevan en la misma situación pero sean opuestos dentro del conflicto que se desarrolla. El objetivo del protagonista es que el antagonista fracase. El objetivo del antagonista es que fracase el protagonista. Si el antagonista se sale con la suya, el protagonista tiene problemas.

El antagonista dirige el conflicto. Su lucha por lograr sus metas crean problemas en el protagonista, problemas que debes resolver al final de la trama o conforme van avanzando los capítulos. Como no, el que debe resolver estos es el protagonista. El lector se engancha esperando que se resuelvan los conflictos y que salga victorioso el protagonista.

El antagonista también tiene su talón de Aquiles, no es todopoderoso.

Todas las personas tienen un punto débil, si tu antagonista desea hacer el mal dentro de la trama debes justificar por qué. Además tienes que introducir alguna debilidad, algo que le preocupe y lo humanice. Pueden ser sus propiedades y su miedo a perder su dinero. Puede ser el amor a su familia, amigos… cualquier motivo que le haga sufrir y desvivirse por conservarlo. Házselo saber a tus lectores pero no al protagonista hasta que sea el momento de vencerle. Quizás aparentemente no tenga debilidades, las puedes ir creando dentro de la trama. Al fin y al cabo, no es todopoderoso, ni debe serlo. Si añades demasiado poder al antagonista no se entenderá que tenga debilidades. Tampoco caigas en tópicos de hacer que el antagonista sea demasiado débil o poco inteligente. Recuerda que debes haber desarrollado esta característica del personaje y planificarla para que tenga sentido.

Para que se comprenda cuáles son sus debilidades, puedes narrar desde el punto de vista del antagonista en algún capitulo o unas páginas. El lector comprende sus motivaciones, su dolor o su amor por esa debilidad. El antagonista también sufre también tiene sus miedos y no es inmune en la historia. Que dediques este esfuerzo por explicar al antagonista no tiene por qué hacer que los lectores tengan empatía por él, simplemente les explicas el personaje desde lo más profundo de su ser.

No tiene por qué morir, de hecho que no muera te ayudará que tenga sentido una segunda parte. Es importante que haya pensado previamente el final de la historia. Si muere o sobrevive debe estar justificado. La trama será más interesante si el protagonista gana algunas batallas, pero no la guerra. O si quieres que triunfe el mal también puedes hacerlo. Tú eres el autor y tú tomas las decisiones pertinentes a tu obra.

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