¿Qué tipos de narradores existen y para qué se utiliza cada uno?

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Cuando comienzas a escribir un libro, con el fin de publicarlo, una de las principales preguntas iniciales que nos hacemos los escritores (o deberíamos hacernos de forma imperante) es qué narrador o narradores utilizaremos a lo largo del texto.

¿Cómo elegir el tipo de narrador? ¿Por qué utilizar uno u otro? ¿Cuál será el apropiado para mi relato? ¿Un tipo de narrador será suficiente o necesito recurrir a varios diferentes? Pero, primero de todo, ¿qué tipos de narradores existen y para qué se utiliza cada uno?

De hecho, antes de meternos en materia… ¿qué es un narrador?

Un narrador es ‘la voz’ que cuenta o relata la historia cronológicamente. Puede utilizar la primera, segunda o tercera persona; depende de la cual será un tipo u otro de narrador. Todos ellos ofrecen diferentes significados y se utilizan con diferente intencionalidad según en el punto en el que se encuentre el relato o sus personajes. Al igual que elegimos un tipo u otro de párrafo según el momento de la historia, así ocurre también con los narradores.

A través de la voz del narrador, el lector podrá conocer datos, personajes, contextos, escenarios, emociones, etc. Podremos poner ‘en boca del narrador’ todo aquello que nosotros, como escritores, queramos que el lector sepa o tenga en cuenta al leer el relato.

Cada narrador tiene una perspectiva y un tono concreto.

Por eso tenemos que ser cuidadosos a la hora de seleccionar los narradores. Debemos tener en cuenta qué y cómo queremos contar un hecho. Cuál es el objetivo detrás de esa elección y qué reacción queremos provocar en el lector. Lo más importante a la hora de seleccionar nuestro narrador o narradores es la coherencia y la verosimilitud, para lograr que el lector se enganche y se crea nuestro relato.

Una mala elección de narradores puede provocar que el lector no se meta de lleno en nuestro relato o que se cree una confusión. Debemos guiar a nuestro lector a través de la historia y eso se consigue con un buen narrador, y por tanto una buena elección por parte del escritor.

Dicho esto, y sin más complicaciones, veremos ahora qué tipos de narradores existen y cómo utilizarlos.

Tipos de narrador

  • Narrador protagonista

Este narrador, que utiliza siempre la primera persona, es conocido también como “narrador personaje”, ya que se incluye dentro del relato. Se identifica fácilmente puesto que es la voz de uno de los personajes (normalmente el personaje protagonista). Al ser parte de la historia, este narrador cuenta con una visión subjetiva y parcial de los hechos. Conoce solamente su punto de vista y su (limitada) perspectiva.

El narrador protagonista aporta credibilidad puesto que el lector lo percibe como una persona real y cercana, alguien que se sincera con él y que le interpela directamente.

Un consejo importante a la hora de utilizar este tipo de narrador es tener muy en cuenta que, al construirlo, deberemos hacerlo en función de sus emociones, psicología, carácter, personalidad; respetando cómo se expresa, cómo actúa, la forma de hablar, etc. Y también, tener muy presente que reacción y/o emoción queremos provocar en el lector: empatía, lástima, odio…

  • Narrador en segunda persona

Este narrador es poco utilizado, debido sobre todo a su complejidad y su dificultad técnica. Este narrador intenta interactuar con el lector continuamente, y no es fácil mantener esta atención durante mucho tiempo. Es utilizado, normalmente, para momentos concretos donde el escritor quiere aportar intensidad y apelar al lector directamente, para hacerle protagonista.

  • Narrador testigo o narrador observador

Este narrador, bastante habitual, se utiliza en primera o tercera persona. Como su nombre indica, es el narrador que cuenta los hechos acontecidos sin ser el protagonista, sino un personaje que ha presenciado lo ocurrido y narra su punto de vista concreto. No hace juicios de valor sino que, más bien, es un narrador que observa desde fuera de la trama y cuenta al lector lo observado.

Según la forma en que nos presente la información, podemos dividirlo en tres categorías:

  • Testigo impersonal. Se limita a narrar lo que está sucediendo. Por esta razón, lo habitual es que aparezca en tiempo presente.
  • Testigo presencial. Sirve para contar un acontecimiento o vivencia que se presenció en el pasado.
  • Informante. Los hechos se presentan a modo de crónica o informe, como si se tratase de un documento auténtico.
  • Narrador omnisciente

Por último, encontramos al narrador omnisciente que, generalmente, suele ser el narrador más recurrido por los escritores. Es aquel narrador que conoce toda la información sobre el relato: tanto de la trama como de los personajes. Al darle esta información extra al lector, podremos posicionarle por encima de los personajes.

Se utiliza siempre en tercera persona, como alguien externo a la historia; no forma parte de ella. Esta externalidad supone una desventaja en tanto que el lector se siente menos vinculado a la trama. Su proximidad, por tanto, se reduce.

A veces, la limitada y subjetiva visión de un narrador testigo o en primera persona, nos permite generar espacios de “silencio”, donde el lector tiene tiempo de crear hipótesis y conjeturas, para así participar del relato. La excesiva información por parte de un narrador-omnisciente no siempre está bien empleada.

Como recomendación a la hora de utilizar este tipo de narrador, recuerda siempre dosificar la información, escoger lo que el narrador cuenta y lo que omite, y decidir cuándo mostrarlo. Tener claras todas estas decisiones son esenciales a la hora de mantener la tensión y el suspense; y sobre todo, el interés, a lo largo de toda la historia.

Consejos para saber cómo utilizar los tipos de narrador

Tipos de Narradores

  • Uno de los errores más comunes cuando nos ponemos a escribir un relato es confundir escritor con narrador. Es decir, tenemos que aprender a adecuar siempre la voz del narrador al relato. Ya sea como personaje, narrador omnisciente o testigo. No tiene sentido que, de repente, un personaje tenga una información que no debería tener. Esto creará al lector una sensación de ‘rotura’ y de poca coherencia que le hará perder interés. Además, tendrás que tener en mente qué personaje está hablando, de qué modo, con qué emociones, en qué punto de evolución está ese personaje concreto.
  • Junto a esto, también deberás pensar en el ritmo de la historia y las emociones que se están transmitiendo en ese momento, para no ‘alterar’ o confundir al lector en un momento inadecuado.
  • Otro consejo importante es el de no mezclar demasiados tipos de narrador sin un objetivo claro, puesto que puede ser antinatural. No seas avaricioso. El dominar varios tipos de narrador al mismo tiempo se consigue con práctica y mucha escritura. Si estás empezando, lo mejor es que te decidas por uno y no hagas demasiado compleja tu primera novela.
  • Ten en cuenta siempre el tiempo y personas verbales que deberás utilizar según el narrador que escojas. Por ejemplo, si vas a narrar tu historia en primera persona, siempre es mejor escribir en pasado.
  • Antes de elegir los narradores de tu historia, piensa bien tus intenciones. Plantéate primero si quieres vincular al lector con la visión de un único personaje o si crees que es necesario contar la trama de una forma más objetiva.
  • Sobre todo, no confundas al autor con el narrador. El primero es el creador y escritor de la historia, y se encarga de organizar y seleccionar todos los elementos que intervienen en ella, entre ellos, el propio narrador. Este, por su parte, es un ser ficticio creado por el autor, una voz a través de la cual puede contar, juzgar y opinar sin que por ello la historia pierda credibilidad.
  • Recuerda dosificar la información que pones en boca de tus narradores. Querrás mantener el interés del lector hasta el final de la trama, así que ten en cuenta qué quieres contar y qué quieres que sepa el lector en cada momento de la historia.
  • Cuando finalices el manuscrito, será importante que alguien haga una lectura cero de él. Esto es, una lectura externa, no profesional, para conocer la reacción de un lector y así poder modificar posibles errores e incoherencias antes de publicarlo.

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